Aquí os presentamos el testimonio de Silvia respecto a la reunión de la globalización, con una perspectiva desde su ámbito: la educación.

Personalmente, me ha enriquecido mucho esta reunión. No sólo por el contenido facilitado para preparar la misma, el cuál me ayudó a centrar el tema, a poner nombre a algunos puntos inconexos que tenía sobre el mismo y a descubrir algunos de los efectos que está provocando en mi día a día el fenómeno de la globalización; sino también, por la reunión en sí misma. En su trascurso se pudieron presentar las diferentes facetas de un fenómeno tan amplio.

Los testimonios y vivencias de algunas de las personas que fueron a la reunión fueron claves para dar luz a algunos escenarios que en mi cotidianidad pueden quedar ocultos: desde la realidad presentada desde Cáritas parroquial hasta lo vivido en Tanzania por un miembro del grupo que fue de voluntariado (de lo que no puedo evitar recordar “Un masai, que no ha vivido la revolución industrial, no puede dejar de enviar What’s apps”). Se habló desde la economía, la comunicación, los valores, la educación,…
Desde mi punto de vista como profesional de la enseñanza, una de las conclusión a las que llegamos unos y otros, era la necesidad de un cambio educativo que conciencie a las nuevas generaciones de este fenómeno mundial y las prepare para la gran revolución tecnológica en la que estamos ya inmersos (durante la reunión nos preguntamos varias veces, también, si esta no sería una “nueva revolución industrial”, por las similitudes con la primera).
Me pareció muy interesante la idea de exponer esta necesidad en los lugares donde se está educando a las futuras generaciones y mostrar a todos los profesionales de este sector la repercusión a gran escala que puede tener su labor (“Si no sé quién soy ni de dónde vengo ni a dónde voy, esto es lo que globalizo, lo que amplío al mundo exterior”).
Por otro lado, me sorprendió mucho que desde el punto de vista de gente con más experiencia se ratificara que no habían sido conscientes de este gran movimiento hasta hace una década (aproximadamente), puesto que yo recuerdo haberlo visto hasta en los últimos años de mi etapa de escolarización obligatoria.
Creo que fue una reunión amena, en la que cada uno pudimos aportar desde nuestro sector y nuestra vida, todo aquello que nos afectaba y cómo lo habíamos asimilado; las diferentes intervenciones dieron lugar a debates, exposición de ejemplos, dudas por resolver y mucha inquietud por llevar la globalización hacia un cambio en positivo de la sociedad común.
A partir de esto, me pareció muy adecuado terminar con algunas ideas y propuestas que se esperan llevar a cabo para conseguir un cambio en positivo que se sirva de la idea de “aldea global” para mejorar un poco más el mundo que el Señor ha creado para vivir en él.
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Silvia,  24 años, profesora de Infantil
(Foto realizada por Patricia Seijo)
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