Comparte su testimonio con todos nosotros, Ana, sobre las impresiones que le causaron la reunión de la globalización.  ¡Interesantísima!

En menos de 20 años hemos pasado de enviar cartas que tardaban semanas en llegar, a escribir emails que llegan en dos segundos; de tener que bajarte a la cabina de la esquina para hablar por teléfono a no utilizar prácticamente el fijo; de que aparezca un nuevo derecho universal, el derecho a la conexión, a Internet.

Estamos en una nueva revolución industrial, somos parte de una nueva sociedad, de la llamada sociedad de la información, que se caracteriza, sobretodo, por la globalización en la que nos hemos visto inmersos. Una globalización que nos afecta a todos, ricos o pobres, vivamos en EEUU, España o Kenia.

Desde mi experiencia (he viajado recientemente a Tanzania con motivo de mi carrera) he podido ver como maasais que no se han montado en un coche en su vida, no utilizan reloj y, que por supuesto, no saben lo que es un microondas, no pueden dejar de utilizar el WhatsApp. Por primera vez en su vida están conectados con el mundo, están viendo lo que hay fuera de sus poblados, de su trozo de desierto abrasador. Está cambiado su manera de vivir a pasos agigantados.

Y… ¿esto es bueno?

Juan Pablo II dijo: “ La globalización no es, a priori, ni buena ni mala. Será lo que la gente haga de ella…Debe estar al servicio de las personas, la solidaridad y del bien común” 

Está claro que la tecnología, siempre y cuando este al servicio de la persona humana, puede ayudar al desarrollo de pueblos: Por esta razón, la mayoría de las ONGs están abriendo una línea en sus planes de trabajos dedicados a fomentar el el uso de las TICs (Tecnologías de la Información y comunicación) para el desarrollo de países tercermundistas aprovechando la penetración de la tecnología móvil en estos lugares. Es increíble que,  en países como Tanzania, comunidades enteras que no tienen acceso al agua, tengan dos móviles por habitante. Que las personas den más importancia a la información y a la comunicación que al poder beber.  Las compañías telefónicas en estos países se están forrando.

Pero también, durante mis tres meses allí, pude hablar con mis padres, en Madrid y en Cuba, todos los días sin ningún problema, incluso con Juan Pérez, ¡en Dubai! Ahora puedo seguir hablando con los amigos que hice allí y enterarme qué tal les va.  Estaba en Tanzania y podía estar en Madrid, Cuba, Dubai, Ghana o Eslovenia cuando quisiera.

¿La globalización es mala? Para mí desde luego, durante esos tres meses, no.  

¿Qué puede hacer de nosotros una sociedad, frívola, sin religiones,  sin contacto humano, únicamente dedicada al crecimiento económico de los países que tienen recursos y los que no pueden seguir ese ritmo, que les den? Puede ser y probablemente así piense la mayoría del mundo occidental. Pero ahí estamos nosotros, para aprovechar estas tecnologías y usarlas en algo bueno, par poder informarnos más,  llegar a más gente, preocuparnos más, estar en contacto, intentar que esto no se transforme en una sociedad de la indiferencia, del consumismo y del materialismo…

Aprovechemos esta nueva etapa en la historia para hacer un mundo mejor y  más igualitario, aprovechando la posibilidad de la gran redistribución de la riqueza a escala planetaria como nunca se ha visto antes y adoptando, como promueve la Doctrina Social de la Iglesia, una actitud alterglobalizadora, hacia una dirección humanizadora y solidaria.

Campo de trabajo 2014 (249)

Ana, 22 años. Ingeniera de Telecomunicaciones.

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