Basta con que no renunciamos a quiénes somos y a lo que deseamos

Extraemos el Editorial del periódico SAMIZDAT, un periódico universitario de la Asociación Cultural Atlántida

Se acercan las elecciones generales y, por primera vez desde hace mucho tiempo, estamos empapados de carteles, pancartas, mítines y debates en los medios de comunicación. Los candidatos se adaptan a los nuevos tiempos para pedir su voto a una sociedad desencantada –por lo menos hasta ahora– con la clase política. Si, como decía la filósofa Hannah Arendt, el sentido de la política es lo que permite el milagro de un nuevo inicio, podríamos preguntarnos: ¿estamos asistiendo a un momento de cambio? Hay nuevos partidos, nos pasamos el día hablando de política, ¿puede esto cambiar nuestra situación cotidiana? Y lo que es más, ¿puede cambiar a mejor?

En las aulas, en los pasillos, en el metro, en las cenas con los amigos se habla de política con una ilusión renovada. Se habla de la nueva legislatura –cada uno con su opinión– como de algo propio que vamos a construir entre todos. El nuevo inicio al que se refiere Arendt tiene como centro fundamental la persona, y nosotros estamos acostumbrados a dejarla fuera. En el fondo desconfiamos de ella y por eso desplazamos la política al ámbito de los partidos políticos y de sus gestiones, sólo cuando se retoma la importancia de la persona, la política cobra sentido.

Entendida así, la política da espacio a las iniciativas de la sociedad, que permiten construcción sin que haya que esperar un cambio por parte del Gobierno. Tenemos muchos ejemplos de propuestas nacidas en la sociedad, que frente a lo que sucede –como la llegada de refugiados o la necesidad de los que no tienen qué comer– no espera la respuesta de las instituciones para crear asociaciones de acogida o bancos de alimentos. Estas iniciativas tienen en cuenta a la persona concreta, con sus necesidades, sus miedos, esperanzas y alegrías. Este es el punto para empezar a construir, cada uno desde donde le toca: los políticos desde las instituciones y nosotros desde nuestro trabajo, iniciativas o estudio.

Imagen del periodico Expansion

Por otro lado, en las elecciones se esperan resultados muy ajustados que forzarán pactos. A los políticos hay que pedirles que se sienten y hablen, que busquen soluciones a los problemas que hay teniendo en cuenta a las personas y hablando con ellas. Estamos hartos de discursos ideológicos. Esto requiere un diálogo real entre ellos, como hicieron hace 40 años las fuerzas políticas de todos los signos que construyeron la democracia de la que hoy disfrutamos.

Dar espacio a las iniciativas y fomentar los pactos reales entre políticos son posibles claves para encauzar este nuevo inicio que se está produciendo. Son dos medidas concretas que vuelven a colocar a la persona en el centro de la política y con ello devuelven el sentido que la política había perdido. La clave de las dos es que la persona es el centro de la política. Por eso, a la pregunta inicial: ¿puede cambiar a mejor nuestra situación?, se puede quizá responder afirmativamente a esta pregunta. Es posible una mejora. Basta con que no renunciamos a quiénes somos y a lo que deseamos. Somos los protagonistas de la vida política.

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