Como respuesta a la problemática actual del gran deterioro ambiental y de la actitud hostil, contaminadora y depredadora de tantos sectores e incluso del desinterés y apatía de tantos ciudadanos corrientes, presentamos el siguiente decálogo desde la perspectiva del mensaje franciscano:

1. Descubrir el sentido religioso de la naturaleza como obra de Dios, no sacralizándola, sino viendo en ella la presencia de su autor.

2. Estar presente en la naturaleza que habitamos. La visión franciscana del hombre se caracteriza por su sentido de inmediatez y de concreción ante todos los seres. Esta presencia se manifiesta en una comunión y participación con todos los seres de la creación.

3. Ver y mirar el mundo entero como un poema bellísimo en el que está impresa con caracteres legibles la Trinidad creadora. La mirada amorosa es el puente vinculante y respetuoso entre la arqueología interior y la ecología exterior.

4. Escuchar la realidad como complemento del mirar. Necesitamos redescubrir nuestra conciencia acústica, pues la naturaleza entera nos habla, y es conveniente percibir su resonancia y su mensaje.

5. Reconocer activamente que, a través de nuestra corporeidad, estamos intrínseca y constitutivamente vinculados al mundo. Nuestro cuerpo es parte de la naturaleza y la naturaleza se manifiesta privilegiadamente en nuestro cuerpo, que al ser cuerpo humano deja de ser cuerpo objeto para convertirse en cuerpo sujeto.

6. Ser críticos objetivos de la situación ecológica actual. Urge ser agentes activos en la custodia y salvaguarda de la naturaleza en su totalidad y evitar usar todo aquello que la deteriore.

7. Aunar todas las fuerzas y los esfuerzos para lograr superar todo tipo de violencia que ataque al hombre y a la naturaleza. Se debiera promover y favorecer un movimiento ecuménico entre todas las religiones a favor de la salvaguarda y la protección de la naturaleza entera.

8. Ofrecer una ética de la frugalidad que sea sustitutiva de la moral del consumismo incontrolado. Ello exige la ascesis de la renuncia al instinto de poder, de dominio sobre las cosas y de satisfacción inmediata de los deseos primarios o socialmente estimulados. Así, las cosas naturales dejarán de ser realidades puramente consumibles y canjeables para convertirse en lenguaje y expresión humanizadores.

9. Trabajar en la creación de un sistema alternativo que sustituya el egoísmo posesivo por la participación gratuita, para preparar el salto del utilitarismo cósmico a la celebración cósmica. Estamos llamados a proclamar la gran fraternidad universal a toda criatura racional e irracional y a poner las condiciones de posibilidad para la realización del maravilloso hermanamiento humano y cósmico.

10. Inventar una nueva pedagogía ecológica que nos acostumbre a ver, a descubrir y a tratar la naturaleza como nuestra casa común y nuestra morada entrañable con la que establecemos relaciones vivas y hogareñas. Ha llegado el momento de la gran alianza del hombre con Dios, con la sociedad, con la naturaleza y con la historia.


 

http://www.vidanueva.es/2015/11/27/decalogo-franciscano-de-la-naturaleza-jose-antonio-merino-ofm/#sthash.6Y7vBHOR.dpuf

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