Empezamos con los materiales de la tercera reunión, que trataremos en la reunión del 24 de Enero, aprovechando los efectos de la Jornada Mundial de la Paz, que se celebró ayer.

Utilizaremos Alerta 2015! Informe sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz, que es un anuario de Escola de Cultura de
PAU, que analiza el estado del mundo en términos de conflictividad y construcción de paz a partir de cuatro ejes:
conflictos armados, tensiones, procesos de paz y dimensión de género en la construcción de paz.

El informe refleja los datos del 2014, lo actualizaremos cuando salga el informe del 2016 (todavía no publicado)

  1. Objetivos de la reunión 

  • Tomar conciencia de las fuertes disensiones sociales que se dan entre los hombres, en las cuales hay
    personas y grupos que intentan solucionar los conflictos por medio de la fuerza.
  • Promover comportamientos que busquen la concordia entre los hombres y grupos sociales
  • Aportar posibles soluciones y respuestas desde el entorno de la vida cotidiana

 

2. Introducción

2014 no fue un buen año para la paz. Tanto el alcance como los niveles de violencia –o como mínimo, el constante martilleo de la prensa informando sobre violencia y conflicto– parecían oscurecer casi completamente el balance de estos últimos años. En Europa del Este, el malestar social en Ucrania acabó desembocando en disturbios, violencia, intervención militar de Rusia, y finalmente la anexión de Crimea. En Iraq y Siria, ISIS despertó la atención y la condena generalizadas por sus atrocidades, llevando eventualmente a ataques aéreos de la OTAN contra posiciones del ISIS en Siria. Paralelamente, cuando la organización terrorista Boko Haram secuestró a 276 niñas de una escuela en Nigeria, todos los puntos del planeta se hicieron eco del impacto, la repulsa y la condena hacia esos actos. El año finalizó con las trágicas noticias que llegaban de Pakistán, el atentado terrorista llevado a cabo por Tehrik-e-Taliban sobre una escuela en la ciudad de Peshawar que se cobró 145 vidas, incluyendo a 132 alumnos de la escuela, en lo que se consideró el atentado terrorista más mortífero en la historia de Pakistán. Para muchos observadores, el año 2014 fue la culminación de años de conflicto civil y de incertidumbre global, el ocaso del “Desorden del Nuevo Mundo” en el que los conflictos civiles latentes se reavivaron en forma de guerras civiles, y los que fueran en su día estados amigos competían ahora por ganar en estatus y posición.

 

3. Conflictos armados

 

Se entiende por conflicto armado todo enfrentamiento protagonizado por grupos armados regulares o irregulares con objetivos percibidos como incompatibles en el que el uso continuado y organizado de la violencia:

a) provoca un mínimo de 100 víctimas mortales en un año y/o un grave impacto en el territorio (destrucción de infraestructuras o de la naturaleza) y la seguridad humana (ej. población herida o desplazada, violencia sexual, inseguridad alimentaria, impacto en la salud mental y en el tejido social o disrupción de los servicios básicos);

b) pretende la consecución de objetivos diferenciables de los de la delincuencia común y normalmente vinculados a:

– demandas de autodeterminación y autogobierno, o aspiraciones identitarias;

– oposición al sistema político, económico, social o ideológico de un Estado o a la política interna o internacional de un gobierno, lo que en ambos casos motiva la lucha para acceder o erosionar al poder; – o control de los recursos o del territorio.

 

Siguiendo con la tendencia de años previos en lo referido a la distribución geográfica de los conflictos armados, la mayoría de ellos se concentraron en África (13 casos) y Asia (12), seguidos de Oriente Medio (seis), Europa (cuatro) y América (uno).

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Del total de conflictos armados, dos casos (5%) tuvieron un carácter internacional –la disputa entre Israel y Palestina y el conflicto que enfrenta al grupo armado de origen ugandés LRA con las fuerzas militares de varios países de la zona central de África–, y otros nueve contextos (25%) fueron conflictos internos. La gran mayoría de los conflictos armados en 2014 (25 casos, equivalentes al 69%) fueron internos internacionalizados, es decir, contextos en los que alguna de las partes en disputa era foránea o en los que los enfrentamientos se extendieron al territorio de otros países, entre otros factores. Durante 2014 este rasgo de internacionalización también quedó patente en las repercusiones regionales e internacionales de diversos conflictos. Por ejemplo, en el impacto de la guerra en Siria en las dinámicas del conflicto en Turquía entre el Gobierno y el grupo armado PKK y en la escalada de la violencia en otros países vecinos; y también en el caso de la crisis en Ucrania y sus consecuencias en el incremento de la tensión entre Rusia y Occidente, cuyas relaciones evolucionaron a su peor nivel desde la época de la Guerra Fría.

En términos generales, cabe destacar que la mayoría de los conflictos actuales cuentan con una dimensión de internacionalización vinculada a elementos como los desplazamientos de población a causa de la violencia, el tráfico de armas y recursos, el respaldo de países vecinos a alguna de las partes en disputa o por la participación de combatientes extranjeros.

En relación a las causas de los conflictos armados, el análisis de los contextos en 2014 ratifica que se trata de fenómenos multicausales, en los que confluyen diversos elementos. Aun así, es posible identificar tendencias en relación a sus principales motivaciones.

Dos tercios de los conflictos armados en 2014 (24 casos) tuvieron entre sus causas más destacadas la oposición al Gobierno o al sistema político, social o ideológico del Estado.

De este total, en al menos nueve casos había actores armados movilizados por su rechazo a las políticas adoptadas por los gobiernos de sus respectivos países, lo que propició luchas violentas por acceder o erosionar el poder. En la gran mayoría de los casos previamente mencionados (19) un factor determinante fue la oposición al sistema político, económico o ideológico de un Estado, lo que provocó que muchos actores armados se implicaran en luchas violentas para intentar conseguir un cambio de sistema. Entre estos casos, cabe distinguir aquellos grupos que se movilizaron por una agenda ideológica de inspiración socialista y otros cuyas motivaciones estaban más relacionadas con la instauración de un sistema político basado en preceptos islámicos o con un mayor papel de la ley islámica en la configuración del Estado. Entre los primeros destacan casos como Colombia (FARC y ELN), Filipinas (NPA) o India (CPI-M), donde las diversas guerrillas de izquierda han librado décadas de lucha armada contra las fuerzas gubernamentales. De hecho, estos conflictos armados se encuentran entre los más longevos a nivel mundial –50, 45 y 47 años desde el inicio de las hostilidades, respectivamente. En más de una decena de otros casos, las aspiraciones de uno o varios actores armados estaban focalizadas en otorgar un mayor papel a los preceptos islámicos –o a la particular interpretación de ellos por parte de algunas organizaciones– en la estructura del Estado.

Otro gran número de casos en 2014 tuvieron entre sus motivaciones de fondo la lucha por aspiraciones identitarias o por demandas de autodeterminación y/o autogobierno, presentes en más de la mitad de los conflictos armados en 2014 (21 de los 36 casos).

Siguiendo la tendencia de años anteriores, este tipo de factores tuvieron una especial prevalencia en Asia y en Europa, aunque también estuvieron presentes en otros continentes. Por otra parte, cabe destacar que la lucha por el dominio de territorios y el control de recursos también estuvo entre las causas relevantes de conflictos armados, mayoritariamente en contextos que tuvieron lugar en África.

Una de las cuestiones más destacadas de 2014 fue la evolución negativa de más de la mitad de los conflictos armados (20 casos, equivalentes a 55%), que registraron un deterioro y una intensificación en los niveles de violencia, mientras que en un 22% de los contextos (ocho casos) la situación se mantuvo similar al año anterior. Sólo en ocho casos –incluidos los dos que dejaron de ser considerados como conflictos armados al finalizar 2014– se observó una disminución en los niveles de confrontación. Esta tendencia general de aumento en los niveles de conflictividad también se vio reflejada en el incremento en el número de casos de alta intensidad respecto a años anteriores.

Durante 2014, un total de 12 conflictos armados registraron elevados niveles de violencia, con un balance anual que en cada caso superó el millar de víctimas mortales: Libia, Nigeria (Boko Haram), RCA, Somalia, Sudán del Sur, Afganistán, Pakistán, Pakistán (Baluchistán), Ucrania, Iraq, Israel, Palestina y Siria.

El desplazamiento forzado de población fue, un año más, una de las consecuencias más visibles de los conflictos armados, y continuó agravándose durante 2014.

 

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Tanto las cifras globales respecto al año 2013, como los datos parciales relativos a 2014, confirmaron la tendencia al alza de este fenómeno en los últimos años. Según el informe anual de ACNUR, si en 2012 había 45,2 millones de personas desplazadas en el mundo a causa de conflictos, persecuciones, violaciones de los derechos humanos y contextos de violencia generalizada, a finales de 2013 la cifra se había elevado a 51,2 millones. ACNUR destacó que por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial se superaba la cifra global de 50 millones de personas desplazadas. Del total de personas obligadas a abandonar sus hogares en 2013, 16,7 millones eran personas refugiadas –11,7 millones bajo el mandato de ACNUR y 5 millones de palestinos y palestinas al amparo de la UNRWA–, otras 33,3 millones eran personas en situación de desplazamiento forzado dentro de sus propios países y 1,2 millones eran solicitantes de asilo. Los datos (no definitivos) sobre la situación de desplazamiento forzado a nivel global durante el primer semestre de 2014 indicaron que estas cifras se habían incrementado, y al menos 5,5 millones de personas más se habían visto forzadas a abandonar sus hogares a causa de la violencia entre enero y junio de 2014, de las cuales 1,3 millones optaron por dejar sus países.

Ante esta evolución, ACNUR alertó que en los últimos años las múltiples crisis de refugio a nivel mundial habían alcanzado niveles no vistos desde el genocidio de Rwanda en 1994. En lo referente al uso de la violencia sexual como arma de guerra, en especial contra las mujeres, siguió siendo una práctica habitual en numerosos conflictos armados. Así lo constataron numerosos informes de ONG, organizaciones de mujeres y de Naciones Unidas. El informe del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, sobre la violencia sexual relacionada con los conflictos –publicado en marzo de 2014 y referente al período entre enero y diciembre de 2013– constató el extendido uso de la violencia sexual en escenarios de conflicto en todo el mundo, que se materializó en actos como violaciones y otros abusos sexuales, situaciones de esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazos forzados y esterilización forzada, entre otros actos.

El impacto de los conflictos armados en las y los menores de edad también continuó siendo motivo de gran preocupación. Durante 2014, el secretario general de la ONU publicó un nuevo informe sobre los niños y las niñas en contextos de conflicto –la 13ª edición cubrió el período comprendido entre enero y diciembre de 2013– subrayando una vez más los múltiples abusos cometidos por actores estatales y no estatales en este ámbito. Entre estos abusos se incluyen el reclutamiento o la utilización de menores para perpetrar actos de violencia, los actos de violencia sexual contra niños y niñas, la muerte o mutilación de menores y los ataques contra escuelas y hospitales. Las graves consecuencias de los conflictos en los y las menores se hicieron especialmente evidentes en los ataques indiscriminados o deliberados contra áreas civiles, que se cobraron la vida de muchos niños y niñas a lo largo de 2013.

A lo largo de 2014, las ciudades volvieron a constituir escenarios principales de la confrontación violenta en numerosos conflictos, permitiendo visualizar el impacto de las disputas a nivel local.

Asegurar el control de ciudades, y muchas veces de capitales a nivel nacional o provincial –por su carácter simbólico, por su relevancia estratégica o por su importancia en las economías de guerra–, suele ser una de las prioridades de numerosos actores armados a nivel global. En consecuencia, las ciudades fueron territorio de combates, de cruentos atentados y ataques explosivos; padecieron graves daños en sus infraestructuras, en su patrimonio histórico y cultural, y en sus redes de transporte; y vivieron la huida masiva de amplios sectores de su población o, en algunos casos, se convirtieron en receptoras improvisadas de flujos de personas refugiadas y desplazadas que llevaron al límite su capacidad para ofrecer servicios básicos a la población local y a quienes llegaron en busca de un lugar más seguro huyendo de la violencia. Durante 2014, diversas ciudades en todo el mundo tuvieron un papel protagónico en el marco de numerosos conflictos armados. Entre éstos, el informe destaca la situación de violencia en Peshawar, Quetta y Karachi, en Pakistán; Donetsk y Lugansk, en Ucrania; Trípoli y Bengasi, en Libia; Bagdad, Mosul y Erbil, en Iraq; finalmente, se realiza una mención especial a algunas de las ciudades sirias más afectadas por el conflicto armado, como Kobane o Alepo, entre otras. En estos y otros contextos, se hace difícil trazar una frontera clara entre la violencia política y la de carácter criminal, y entre actores movilizados ideológicamente o por intereses criminales.

 

 

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