Estos son testimonios reales de cómo se puede vivir el Año de la Misericordia, de ALFA Y OMEGA.

En la entrega de hoy: PERDONAR LAS INJURIAS, con Mariano y a Alfonso, de 8 y 5 años

Tener un hermano es sinónimo de tener un compañero de juegos, un confidente de secretos, un cómplice para travesuras, un apoyo en los problemas…, y un contrincante para peleas, discusiones y piques varios. Que se lo digan a Mariano y a Alfonso, de 8 y 5 años, que como buenos hermanos pasan del amor a la colleja, y de la colleja al abrazo, en un abrir y cerrar de ojos. Mejor no preguntamos qué cosas hace el otro para que se enfaden con él, y pasamos directamente a por qué se piden perdón después de una trifulca: «Pues porque si no perdono –dice Alfonso–, sigo enfadado y con rabia, y me quedo peor. Y encima él también se queda triste y salimos perdiendo todos». A Mariano se le nota la catequesis con la que la diócesis de Alcalá de Henares le prepara para la Comunión: «A veces perdonar me cuesta, porque estoy demasiado enfadado, y no quiero reconocer que a lo mejor he hecho algo mal. Pero cuando pides perdón, se lo estás pidiendo también a Jesús, que nos enseña que no perdonar es malo». «Lo que dice mi hermano es verdad –añade Alfonso–, porque Jesús nos va ayudando a que no nos volvamos a pelear, y a que si lo hacemos, nos cueste menos ir pidiendo perdón». Unas palabras que cualquier adulto puede hacer suyas cada vez que tenga que perdonar… si quiere «hacerse como un niño».

 

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