Empezamos con los materiales que trataremos en la reunión del día 28 de Febrero. En esta ocasión trataremos todos los aspectos relacionados con el capitalismo y la posmodernidad, atendiendo a los materiales del Cuadernillo de Cristianismo y Justicia LA REVOLUCIÓN DE CADA DÍA CRISTIANISMO, CAPITALISMO Y POSMODERNIDAD de Joan Carrera i Carrera, sj, licenciado en medicina y doctor en teología y profesor de Moral Fundamental en la Facultad de Teología de Cataluña.

Como siempre, nuestros tres niveles de reflexión: El primero, un análisis lo más exhaustivo que podemos, de la mano de este material, sobre la cultura capitalista y sus valores.

1. El mundo en el que vivimos

El llamado proceso de globalización ha ido extendiendo este sistema a la mayoría de países, con algunas excepciones de carácter más bien residual. Ya no le quedan opositores con suficiente fuerza para hacerle sombra. A pesar de haber quedado herido como consecuencia de la última crisis económica, y a pesar de la multitud de críticas y alternativas parciales que han ido surgiendo, lo cierto es que no podemos aún hablar de una alternativa global al capitalismo consolidada.

1.1. La cultura capitalista

Todo sistema económico realza determinados elementos que tienen traducción en otros campos como el social, el laboral y el familiar. En otras palabras, podríamos decir que todo sistema económico crea una cultura. Y uno de los elementos importantes de toda cultura es el sistema ético, entendido como una escala o una jerarquía de valores que se pone en juego sobre todo a la hora de tomar decisiones, y que acaba por impregnar toda nuestra vida (familia, relaciones sociales, etc.). Por esto es importante tomar conciencia de cuáles son los valores en los que se fundamenta nuestro sistema económico, y qué valores transmite en cuestiones tan significativas como persona «feliz», triunfo personal, etc. Hay que precisar que cuando hablamos de valores del sistema económico, nos referimos a aquello que el sistema prioriza y que quiere que guíe el comportamiento de las personas, primariamente en el campo de la economía.

A menudo esta priorización esconde los intereses de determinados grupos y actúa, de hecho, como una ideología. Así, elsistema económico se presenta como la solución más racional y estructurada para crear riqueza y justicia. Es decir, se apoya en y apela a valores aceptados, queridos y deseados por la mayoría. Obviamente, estos valores a ojos de otro sistema ético (tanto desde una tradición religiosa, como de otra cultura) pueden ser percibidos como contravalores.

1.2. Un sistema capitalista neoliberal y global

En las próximas páginas intentaremos analizar estos valores, no para hacer un juicio del sistema económico (cómo se distribuye la riqueza, qué países son los más beneficiados, qué desigualdad crea, qué tipo de relaciones laborales…), sino para ver cómo la jerarquía de valores en que se apoya ha ido impregnando muchas de las esferas de nuestra vida, (esferas a menudo muy alejadas de la economía). A pesar de que se pueda tener una vida disociada, normalmente lo que se vive en una esfera (a la que le dedica más tiempo real) acaba contagiando las otras. Éste es el caso, por ejemplo, de la familia o de las relaciones entre las personas que se han visto afectadas por la manera cómo se ha entendido el trabajo y las relaciones en el mundo laboral. El evangelio lo dice con otras palabras, muy contundentes, por cierto: «Porque donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón» (Mt, 6,21).

Pondremos nuestra atención en el sistema tal y como lo tenemos en la actualidad, a principios del siglo XXI y no en aquel primer estadio, cuando M. Weber escribía haciendo referencia al espíritu del capitalismo y a los valores culturales asociados al sistema; ni tampoco en una segunda fase, que identificamos como Estado del bienestar, cuando el primer capitalismo tomó elementos de la tradición socialista y democristiana, como fueron los derechos sociales o la concepción de un Estado regulador de la economía y redistribuidor de la riqueza. Ahora nos encontramos en otro tipo de capitalismo, que recoge elementos de los anteriores, y que podríamos caracterizar con dos adjetivos:

a) Neoliberal, porque pone el acento en el mercado plenamente libre, con un papel del Estado muy reducido y a costa de una pérdida de derechos sociales.

b) Global, porque se caracteriza por un libre mercado global sin barreras comerciales ni financieras.

Seguramente enumerar estos valores será por mi parte demasiado pretencioso, y dará como resultado una cierta simplificación al no tener en cuenta las diversas variaciones que se dan dentro del sistema. No es lo mismo el capitalismo que aún conserva elementos del Estado del bienestar nórdico que el nuevo capitalismo de Estado en versión china o rusa, o el capitalismo más neoliberal de los Estados Unidos y de algunos otros países. Se trata de variaciones y sensibilidades diferentes dentro del mismo sistema. Tampoco es todo novedad: algunos de los valores que presentaremos ya se daban en el primer capitalismo y lo único que ha pasado es que se han acentuado notablemente. Veamos, pues, cuáles son estos valores.

1.3. Un sistema, unos valores

a) El éxito vital, muy ligado al éxito económico. Una manera de entender el éxito con un componente materialista, que está estrechamente ligado a la posesión de bienes y de títulos. Son estos bienes materiales los que posibilitan disponer de otros bienes más intangibles, como un cierto estatus, una cierta identidad o una determinada pertenencia a un grupo social.

b) La propiedad privada como valor nuclear del sistema, ya desde sus inicios. Los bienes de uso y los medios de producción (tierras, industria…) son privados y la mejor manera de generar riqueza consiste en mantener este tipo de propiedad. Cada vez se tiende a privatizar más cosas pensando que así se arreglarán determinadas «disfuncionalidades» que impiden un funcionamiento óptimo. Todo lo que es comunal o colectivo, dentro de este sistema, no recibe ninguna consideración.

c) Otro valor que desde la modernidad se ha ido potenciando ha sido el individualismo contra el comunitarismo. Es el individuo, él solo, quien tiene que ganarse un lugar en la sociedad. Se pone el acento en la persona y más en sus derechos ante los demás y ante la sociedad que en los deberes, y es papel del Estado garantizarlos y ser su protector. Esta concepción da mucho valor a la iniciativa del individuo que ha de competir frente a los demás. Esto llevado al extremo y a medida que las «instituciones-guía» han ido perdiendo peso, ha acabado por arrojar a la persona a una elección constante: toda la vida se basa en tomar decisiones. En la esfera económica prevalece la competitividad por encima de la cooperación, y si ésta se da, es sólo para reforzar la competitividad (de mi empresa, de mis ideas… contra otra empresa, contra sus ideas). Desde el sistema educativo se refuerzan estos valores, aunque a veces se justifican o se disfrazan apelando a palabras tales como personalización, creatividad o iniciativa, palabras que en teoría tendrían que incluir la dimensión social y cooperativa. Esto no quiere decir que la cooperación haya desaparecido, sino que ha sido desplazada hacia determinados ámbitos (la familia, las ONG, las religiones…) que, por cierto, tampoco han quedado inmunes a los elementos más individualistas o competitivos.

d) Otro valor bastante nuclear en el sistema económico imperante es la búsqueda del máximo beneficio. Para lograrlo se sacrifican valores asociados a derechos laborales, políticos o medioambientales, a valores que afectan incluso los derechos humanos… Por el máximo beneficio, que favorece a unos pocos, no se duda en sacrificar lo que haga falta, siempre en nombre del progreso. Quizás el único freno o límite a esta explotación es la de no romper la estabilidad del sistema, y así hacer que la explotación pueda ser un poco más sostenida en el tiempo.

e) También el valor de la utilidad, entendida en el sentido económico: atender la funcionalidad de los medios sin preguntarse nunca por los fines. Un utilitarismo muy ligado a la eficacia y a la eficiencia, valores en sí mismos positivos, pero en nombre de los cuales se sacrifican y justifican muchos otros.

f) Un valor que también se prioriza es la cantidad por encima de la calidad. El capitalismo actual ha extendido la sociedad del consumo, poniendo en el mercado multitud de productos con el objetivo de favorecer un consumo continuado, ya que éste es el principal combustible del sistema productivo capitalista. Muchos de estos productos son de dudosa calidad, están destinados a durar poco y a ser sustituidos pronto por otros con más prestaciones. Todo este sistema demanda un consumo excesivo de energía, malbarata los recursos naturales y genera muchos residuos.

g) También existe el valor del esfuerzo en el trabajo, un valor típico del capitalismo inicial y que ha ido perdiendo relevancia, sobre todo cuando se ha extendido a Occidente una cultura marcadamente hedonista y cuando el mundo financiero ha posibilitado la obtención de beneficios sin necesidad de mucho esfuerzo.

h) El sistema ha ido priorizando cada vez más el corto plazo por encima del largo. Sólo se piensa en los beneficios a corto plazo, sacrificando la sostenibilidad de la producción y el deterioro del medio ambiente. Somos muy poco conscientes de las consecuencias que tienen las acciones del presente (tanto para las próximas generaciones como para el medio ambiente) y no son muy tenidas en cuenta a la hora de planificar la actividad económica.

 

 

 

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