Continuamos con el primer nivel de reflexión (un análisis socio-económico lo más exhaustivo que podemos), con los materiales del Cuadernillo de Cristianismo y Justicia LA REVOLUCIÓN DE CADA DÍA CRISTIANISMO, CAPITALISMO Y POSMODERNIDAD de Joan Carrera i Carrera.

1.4. Capitalismo y posmodernidad

Para entender desde el punto de vista axiológico el mundo occidental actual también tendríamos que añadir los valores más ligados a la llamada posmodernidad o modernidad avanzada, y los valores liberales más políticos, ligados a la modernidad: los derechos de la persona, la democracia, el diálogo, la libertad (frente a la tiranía). Tanto los valores de carácter más social y político como los valores de la posmodernidad han sido modificados por un sistema económico con el que a menudo han entrado en conflicto (pensemos si no en la democracia, y en el poder de los mercados no regulados). En otras palabras, los valores más sociales y culturales han interaccionado con los valores más económicos, saliendo los primeros bastante malparados. La democracia que garantizaban los Estados-nación clásicos ha quedado herida de muerte por unos mercados globales no regulados por nadie.

Algunos de los valores de la llamada posmodernidad de carácter más cultural han tenido su origen precisamente en la decepción respecto a los valores de la modernidad, otros han surgido como reacción a valores del sistema económico y otros pueden haber nacido favorecidos por la misma constelación de valores de este sistema y con el único objetivo de reforzarlo. Por ejemplo, la acentuación del yo y del bienestar emocional favorece la imagen de un individuo volcado al consumo y a todo un mercado en el que se venden como ideales los cuerpos musculados, sanos, perfectos… La pérdida de las utopías emancipadoras, fruto en parte de la decepción en la poderosa razón humana que en el siglo XX ha provocado todo tipo de guerras y desastres, da lugar a un individuo centrado en sí mismo y que no cree que el sistema económico se pueda cambiar, no cree que hayan alternativas, y menos que valga la pena movilizarse para lograrlas. Así se favorece la aparición de un nuevo conservadurismo social que no pone en cuestión el sistema económico.

El individuo posmoderno ha dejado de creer en la ciencia como relato salvador (porque se ha dado cuenta de que la ciencia también ha traído desastres, como el nuclear o el ecológico) pero sigue utilizando la técnica, consumiendo cada vez más y más todo tipo de productos tecnológicos para ser feliz. Las convicciones más frágiles del individuo posmoderno lo hacen más tolerante pero también más indiferente ante lo que pasa alrededor, de tal manera que vive en su mundo y no se preocupa mucho de los demás. También sus convicciones más débiles lo hacen más vulnerable a la manipulación del marketing o de la información… Y así podríamos seguir describiendo valores posmodernos, que o bien refuerzan los valores del sistema económico o al menos son compatibles en la medida en que sirven para cubrir nuevas necesidades de consumo. También la posmodernidad contiene valores que son claramente contrarios a los valores del sistema económico capitalista, como por ejemplo el presentismo hedonista, la pérdida de la capacidad de esfuerzo o la falta de compromiso.

1.5. Capitalismo y posmodernidad

Finalmente, otros valores que también han ido penetrando en la sociedad occidental, procedentes de los nuevos movimientos sociales, y que actúan como oposición y crítica a los valores del capitalismo, o que al menos han modulado algunos extremos de este sistema económico. Hablo, por ejemplo, de la sensibilidad feminista (con elementos bastante incompatibles con muchos de los valores del capitalismo), o bien cierta sensibilidad ecológica, por desgracia a veces demasiado superficial, que no cuestiona el sistema productivo sino que sólo propone soluciones «parche» y a veces en un sentido más estético y de moda que no de cambio radical. Muchos de estos valores que hemos comentado, sobre todo los relativos a la llamada posmodernidad, están muy arraigados en Occidente, pero menos en otras culturas, si bien la globalización los ha ido extendiendo de forma considerable, sobre todo entre las élites más interconectadas. Sería en este sentido interesante hacer el análisis de otras sociedades no occidentales para ver la influencia o la evolución que en ellas ha tenido el sistema capitalista.

Sociedades en las que los valores posmodernos han penetrado poco, y en las que siguen pesando los valores más tradicionales. Un ejemplo sería estudiar la influencia del confucionismo o del taoísmo en la sociedad china actual o ver la peculiaridad del capitalismo japonés o coreano a partir de la influencia de sus tradiciones. También ver có- mo sociedades occidentales como las de la América Latina reciben la influencia de las culturas autóctonas con sistemas económicos y jurídicos que conservan elementos comunales.

 

Hasta aquí el primer nivel de reflexión.

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