Terminamos con el tercer nivel de reflexión: ¿Qué tiene que decir la Doctrina Social de la Iglesia sobre el capitalismo? SIGNOS DE LOS TIEMPOS QUE NOS AYUDAN A VIVIR CRISTIANAMENTE, con los materiales del Cuadernillo de Cristianismo y Justicia LA REVOLUCIÓN DE CADA DÍA CRISTIANISMO, CAPITALISMO Y POSMODERNIDAD de Joan Carrera i Carrera.

3.3.2. La austeridad

Lo que hemos comentado en el punto anterior también supone la promoción del valor de una mayor austeridad. Hay movimientos que fomentan esta forma de vida más austera. El movimiento en torno al decrecimiento7 ha originado un debate interesante sobre esta cuestión. Poder vivir con menos para que las personas que vienen detrás de nosotros encuentren un planeta más habitable. La austeridad pasa por desarrollar una serie de comportamientos y actitudes que se concretan en una vida diaria diferente:

a) Un consumo responsable y sostenible, que no deje en manos del mercado y de sus estrategias publicitarias nuestras pautas de consumo.

b) Una especial atención a las trampas del mercado como por ejemplo la obsolescencia programada de muchos de sus productos que favorece un consumo continuado.

c) Una educación de nuestros deseos de tener más y más, con el único objetivo de disponer de un determinado estatus o identidad social.

En referencia a esta última idea, podemos afirmar que el mercado ofrece no sólo productos para satisfacer las necesidades materiales, sino que a través de los logos y marcas de estos productos ofrece imaginarios, mundos ideales que nos proporcionan identidad y una especie de sentido. Identidad y sentido que adquirimos a través de la compra y el consumo. Nuestra identidad parece que ya no venga dada por la familia o la clase social, sino por aquello que consumimos, por cómo vestimos… De esta forma se van creando identidades colectivas que dan estatus que nos identifican como deportistas, como contestatarios, como jóvenes… Nuestra capacidad de consumir y los tipos de marcas que compramos nos hacen entrar en una determinada subcultura, que nos da identidad y, por tanto, una cierta seguridad. Son identidades que pueden ser elegidas y que no nos vienen dadas, de ahí que sean bien acogidas, ya que ponen en juego nuestra libertad de elección aunque sea a un nivel superficial.

Podríamos matizar aún más la afirmación en el caso de los adolescentes, ya que el grupo o la pandilla más próxima es la que acostumbra a proporcionar la identidad,sea por adhesión o rechazo. Esta identidad nos permite escapar de la inseguridad, del miedo al fracaso, y satisfacer así el deseo de reconocimiento, de llenar nuestras carencias afectivas. Los grupos más susceptibles a la atracción de las marcas son precisamente los que más sufren estas carencias, y entre ellos los adolescentes son uno de estos colectivos. Su búsqueda de identidad personal y además el consumo energético para ir aceptando los cambiosfisiológicos y psicológicos, resultan especialmente maleables, y demandan continuamente la aceptación y el contraste de un grupo de pertenencia. Esto se consigue sobre todo controlando las formas externas, hábitos,formas de vestir, música pero también a través de otras que afectan al propio cuerpo, como la forma física (a través de dietas, ejercicios y deporte). La importancia de este sector de población ha hecho que algunos hablen del mercado del «adolescente global» que en todas partes, independientemente de la cultura, desea más la Coca-Cola que los productos locales, las Nike que unas sandalias…

Se puede afirmar, sin miedo a equivocarse, que desde hace unas décadas las empresas han dejado de producir cosas y ahora se dedican fundamentalmente a producir «marcas».

Volviendo a los signos de los tiempos, la problemática ecológica ha provocado el nacimiento de todo un movimiento que habla en términos de «justicia medioambiental», ya que los países más pobres son los que más sufren las consecuencias del cambio climático: sequías, migraciones climáticas, inundaciones, agotamientos de los recursos alimentarios como por ejemplo la pesca… Este movimiento muestra una relación entre la pobreza y la problemá- tica ecológica que conduce a no separar la justicia distributiva de la ecología. En Occidente a menudo no somos conscientes que es precisamente en los paí- ses pobres y también en los llamados países emergentes donde tienen más fuerza los grupos ecologistas.Y muchos cristianos y muchas comunidades cristianas de estos países se han implicado en la defensa del medio ambiente y de la justicia medioambiental.

3.3.2. Nuevas espiritualidades

En medio de la cultura occidental, predominantemente hedonista y materialista, está resurgiendo el interés por nuevas formas de espiritualidad que indican, a pesar de la ambigüedad que contienen, una profunda búsqueda e insatisfacción de las personas. Aunque muchas de estas nuevas espiritualidades están demasiado centradas en uno mismo,su emergencia es un síntoma que no deberíamos despreciar. Algunos autores hablan del inicio de una era posmaterialista que se contrapone a la cultura materialista en la que se instaló Occidente nada más acabar la Segunda Guerra Mundial.

Es interesante preguntarse por qué la espiritualidad que ofrece la Iglesia y en general las iglesias cristianas tiene tan poca aceptación en Occidente, y de una manera especial en Europa. Aunque se haya frenado estos últimos años, 9 los datos sociológicos reflejan un fortísimo descenso de la presencia religiosa en Europa. También convendría aquí hacer un análisis de las formas posmodernas de religiosidad (con toda su ambigüedad) que a menudo han llevado a algunos autores a afirmar «el retorno de los brujos»10 . Este análisis debería huir de considerarlas como formas antirreligiosas o puramente negativas (manipulatorias, autocentradas, sin alteridad, emotivistas…) e intentar centrarse en el síntoma (insatisfacción) que las origina y en las características que tienen y que las hacen atractivas para muchas personas. Sin pretender entrar aquí en hacer un análisis a fondo, creemos que expresan a menudo una crítica necesaria a determinadas formas religiosas a las que la Iglesia ha tendido desde hace tiempo. Una religiosidad eclesial muy racionalista, muy centrada en el discurso, excesivamente ética, poco celebrativa, poco estética, individualista (o al menos con poco sentido comunitario), en la que cualquier expresión de sentimiento siempre se ha visto como sospechosa de subjetivismo…

Esta critica implícita debe ser tomada seriamente por parte de la Iglesia, y ver qué hay en ella de verdad. La Iglesia podría tomar ahora la misma actitud que pedía durante elConcilio hablando del ateísmo [GS 19-21]. El contexto del Concilio en Occidente era muy diferente del actual, estaba centrado en el auge del ateísmo práctico y los sistemas políticos ateos que eran materialistas, y ponían a Dios como impedimento al progreso de la humanidad. La Gaudium et Spes hizo en aquel momento un cierto examen de conciencia de la propia Iglesia: «…Sin embargo, también los creyentes tienen en esto su parte de responsabilidad […] en esta génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios creyentes» [GS 19]. Y pide una actitud que se esfuerce en «conocer las causas de la negación de Dios que se esconden en la mente del hombre ateo» y, «consciente de la gravedad de los problemas planteados por el ateísmo y movida por el amor que siente a todos los hombres», considera que «los motivos del ateísmo deben ser objeto de serio y más profundo examen» [GS 21].

Algo parecido deberían hacer la Iglesia y los cristianos ante las nuevas espiritualidades o formas religiosas.

 

3.3.3. La recuperación de los valores en ámbitos clave

Hay signos que indican una cierta preocupación para que las nuevas tecnologías y el mercado no sea guiado por el puro beneficio económico. Nunca se había hablado tanto de valores en los ámbitos políticos, empresariales, financieros y médicos, ya que las prácticas carentes de cualquier consideración de valores nos han llevado hasta el extremo de pisar la dignidad de muchas personas, y especialmente de las más vulnerables. Esta preocupación apenas está dando sus primeros pasos, pero es real. Por ejemplo, en el campo de la bioética se han dado pasos para que se introduzca esta materia en el currículum de la formación médica y de la enfermería, aunque esta reflexión en Cataluña y en España aún es muy escasa. Más difícil es la introducción de la reflexión en valores en los currículums de las llamadas escuelas de negocios, quizás porque la implementación de esta reflexión conduce de manera inevitable a cuestionar los valores del sistema actual. A raíz de la crisis económica actual, la más importante desde la crisis del 29, algunas grandes facultades de económicas empiezan a plantearse qué enseñan en sus aulas. Empiezan a ser conscientes de que esta formación ha dado lugar a una cultura empresarial que ha fomentado la especulación financiera sin escrúpulos y que ha hecho posible una crisis como la actual. Este repensar el modelo económico actual por insostenible es, sin embargo, muy lento, y al final serán los países emergentes los que marcarán la pauta de esta reflexión ética en los años venideros.

3.3.4. «Redes de indignación y esperanza»

Finalmente, en Europa, y desde ya hace tiempo, comienza a haber movimientos sociales que algunos han llamado «Redes de indignación y esperanza». 13 Este título resume muy bien el movimiento, que, como toda movilización social, primero aparece como un grito de indignación pero que poco a poco ha ido presentando propuestas alternativas a las políticas actuales, y sobre todo ha sido capaz de movilizar a las personas ante un mundo en crisis y desesperanzado… Como explica Manuel Castells, algunas personas empezaron a conectarse mediante las redes sociales, y después pasaron a ocupar las calles y a proponer medidas concretas que se oponían a los intereses económicos y financieros. Fue un movimiento que ignoraba la estructura política actual y desconfiaba de los medios de comunicación de masas dominados por intereses económicos. Fue una eclosión variada, no organizada, pero tenían algunas cosas en común: una determinada manera de hacer más próxima a formas de democracia participativa, una desconfianza clara hacia la política y el juego democrático tal y como está planteado actualmente el uso de las redes sociales… En un lapso de tiempo relativamente breve se dio en todo el mundo: desde Túnez hasta Egipto (la llamada «Primavera árabe», en la que se reclamaba democracia ante gobiernos no democráticos y oligarcas), pasando por el movimiento «Occupy Wall Street» (17 septiembre de 2011) de Estados Unidos14 , y «Los indignados» del 15-M en España. Las propuestas alternativas ya han sido analizadas dentro de esta misma colección de cuadernos.

Quisiera recalcar aquí,sin embargo, dos hechos que considero importantes: la capacidad de movilizar tanto a gente joven como mayor, y la capacidad de dar esperanza. También ayudaron manifiestos como el de S. Hessel, ¡Indignaos!, que dio nombre al movimiento en España y los manifiestos de «Democracia real, ya». Sise leen sus propuestas, como por ejemplo, las de la «Asamblea del Sol»18 (20 de mayo), piden medidas muy realistas que muchos politólogos y entidades sociales ya hace tiempo que proponían para profundizar la democracia, conseguir más igualdad económica y hacer una economía menos financiera y más sostenible.

Entre las personas jóvenes que acamparon y se manifestaron había muchos cristianos y cristianas, porque, ciertamente, muchas de las propuestas que se pedían coinciden con los postulados defendidos por la moral social de la Iglesia.

Por ejemplo, en la encíclica Caritas in Veritate de Benedicto XVI (2009) se tocan puntos clave sobre el carácter injusto de la actual globalización, puntos que coinciden con algunas de las propuestas de este movimiento. Es cierto que, como cualquier movimiento social, tiene elementos de todo tipo y que hay que discernir con sumo cuidado. Pero hay que ser muy conscientes de que también ha habido intereses para desacreditarlo por parte de las minorías que controlan la actual economía financiera y de los gobiernos y partidos que temen perder sus posiciones de privilegio.

 

 

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