Continuamos con los materiales de la reunión de este mes, pasando al segundo nivel de reflexión: Principios y criterios de juicio para afrontar la realidad de la discriminación de la mujer. Discernimiento de la realidad con la DSI

 

4. SEGUNDO NIVEL DE REFLEXIÓN: Principios y criterios de juicio para afrontar la realidad de la discriminación de la mujer. Discernimiento de la realidad con la DSI

  • Hombre y mujer son imagen y semejanza de Dios (Gn 1, 26-27). Jesús no sólo no discrimina, sino que se hace acompañar por “otras muchas” (Lc 8, 3) y hace a María Magdalena testigo privilegiado de la resurrección. Cristo es auténtico promotor de la dignidad de la mujer (MD 12-16). Pablo se hizo acompañar por muchas mujeres en el apostolado (1 Cor 15, 7) y algunas acogieron y animaron la fe de las iglesias locales, como Febe (Rom 16, 1) o Prisca (Rom 16, 5). Han tenido y tienen un peso fundamental en la historia de la Iglesia y reclaman legítimamente mayor protagonismo y visibilización.

 

  • La dignidad de la mujer y su igualdad con el varón (FC 24). Con Christifideles laici 37: “redescubrir y hacer redescubrir la dignidad inviolable de cada ser humano constituye la tarea central y unificante que la Iglesia presta la familia humana”. Mulieris dignitatem 10 señala que los problemas brotan de la pérdida de la estabilidad de aquella igualdad fundamental que, en la unidad de los dos, poseen el hombre y la mujer. “En el otro, hombre o mujer, se refleja Dios mismo, meta definitiva y satisfactoria de toda persona” (EV 35). La dignidad de toda persona ante Dios es el fundamento de la dignidad del ser humano ante los demás (GS 29): este es el fundamento de la radical igualdad y fraternidad de los hombres independientemente de su raza, nación, sexo, origen, cultura y clase (cdsi 144).

 

  • Igualdad y diferencia. La igualdad no se puede confundir con el igualitarismo. Hay igualdad y diferencias: existe una especificidad en el hombre y en la mujer. En esta última es insoslayable su función de madre. La Trinidad invita a vivir una comunidad de iguales en la diferencia (Gal 3, 28). En una época de marcado machismo, la práctica de Jesús fue decisiva para significar la dignidad de la mujer y su valor indiscutible (Aparecida 451). Igualdad y diferencia son queridas por Dios (Catecismo 369-370; ser el uno para el otro en una unidad de dos, 371-373)

 

  • No discriminación y auténtica igualdad de derechos para participar en la vida económica, social, cultural y política.

 

  • Los fundamentos antropológicos de la condición masculina y femenina (MD 6 y 7). CFL 50 invita a ahondar en ellos para precisar la identidad propia de la mujer en su relación de diversidad y de recíproca complementariedad con el hombre, no sólo por lo que se refiere a los papeles que asumir y las funciones que desempeñan, si no más profundamente por lo que se refiere a su estructura y a su significado personal.

 

  • Los cambios culturales han modificado los roles tradicionales de varones y mujeres, quienes buscan desarrollar nuevas actitudes y estilos de sus respectivas identidades, potenciando todas sus dimensiones humanas en la convivencia cotidiana, en la familia y en la sociedad, a veces por vías equivocadas (Aparecida 49). En ese sentido debe someterse a discernimiento la ideología de género, según la cual cada uno puede escoger su orientación sexual sin tomar en cuenta las diferencias dadas por la naturaleza humana. Esto ha provocado modificaciones legales que hieren gravemente la dignidad del matrimonio, el respeto del derecho a la vida y la identidad de la familia (Aparecida 40). Se trata de un “empoderamiento” de la mujer desde presupuestos falsos.

 

  • Debe proscribirse como contraria a la dignidad de la mujer (fin en sí misma) ser tratada como cosa, como objeto de compraventa. De su mano suelen ir el desprecio hacia la mujer, la esclavitud, la opresión de los débiles, la pornografía, la prostitución y todas las discriminaciones que se encuentran en el ámbito de la educación, de la retribución del trabajo, etc. (SD 105).

 

  • Respeto a lo propio y específico de la condición femenina (FC 23), evitando tanto la imitación del carácter masculino como las actitudes “revanchistas” o la homogeneización cultural de la feminidad. Las mujeres deben promover un nuevo “feminismo” evitando seguir modelos “machistas”, reconociendo el verdadero espíritu femenino en todas las manifestaciones de la convivencia ciudadana y trabajando por la superación de todas formas de discriminación, de violencia, y de explotación (EV 99).

 

  • La maternidad conlleva una comunión especial con el misterio de la vida. La mujer percibe y enseña que las relaciones humanas son auténticas si se abren a la acogida de la otra persona, reconocida y amada por el mero hecho de ser persona y no por la utilidad, fuerza, inteligencia, belleza o salud que tenga ésta. Aparecida 456 urge a valorar la maternidad como misión excelente de las mujeres. Esto no se opone a su desarrollo ni excluye la necesidad de su participación activa en la construcción de la soiedad.

 

  • Un principio muy a tener en cuenta es la participación de la mujer y su visibilización social y eclesial. Constituye uno de los rasgos característicos de la actitud no discriminadora y signo de los tiempos (CFL 37; 49; 180). La Iglesia se posiciona junto a la mujer en defensa de su dignidad, de la igualdad y de su participación, pero se distancia de lecturas ideológicas sesgadas que acaban volviéndose contra la complementariedad natural hombre-mujer y su gualdad (Aparecida 116). No obstante, la Iglesia debe apostar de manera aún más enérgica e incisiva por la defensa de los derechos de la mujer (FC 24)

 

 

 


 

Material extraído de:

Guía para la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia. PPC

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