Un tema de rabiosa actualidad. Empezamos nuestro tema de este mes con el primer análisis socioeconómico de las migraciones.

1. Objetivos

  • Analizar y comprender las causas y consecuencias de los flujos migratorios en una sociedad globalizada.
  • Tomar conciencia de la progresiva precarización planetaria de los derechos de los migrantes y refugiados, y conocer y practicar la dimensión profética de la DSI en este punto.

2. En qué consiste la migración y qué causas tiene

El pasado 27 de octubre, la OIM presentó su publicación emblemática, Informe Mundial sobre Migraciones 2015: Los migrantes y las ciudades: Nuevas colaboraciones para gestionar la movilidad, en el segundo día de la Conferencia de Alto Nivel de la OIM de dos días de duración sobre los Migrantes y las Ciudades que se celebró en Ginebra.

El Informe, octavo volumen de la colección de la OIM titulada Informe Mundial sobre Migraciones, se centra en el modo en que la migración y los migrantes configuran las ciudades, y en el modo en que la vida de los migrantes es configurada por las ciudades y sus habitantes, organizaciones y regulaciones. Vamos a recoger los datos de este informe.

La rauda urbanización y el aumento de la migración hacia las ciudades conllevan tanto riesgos como oportunidades para los migrantes, las comunidades y los gobiernos concernidos. En el Informe se explora el modo en que la migración y los migrantes configuran las ciudades, así como el cambio que ello trae consigo en la vida de los migrantes, en función de las ciudades, sus habitantes, sus organizaciones y sus normas. En el presente Informe se analizan las relaciones entre los migrantes y las ciudades respecto de cuestiones como el empleo, la vivienda y la salud, y se examina, asimismo, la manera en que los migrantes, gracias a sus recursos e ideas, contribuyen a la construcción y revitalización de las ciudades en los países de origen y de destino. Por tanto, se ofrecen ejemplos innovadores de cómo ciertas ciudades intentan gestionar los retos planteados por una mayor movilidad global y diversidad social, con distintos grados de éxito, y se ponen de relieve los nuevos acontecimientos normativos relativos a las alianzas urbanas entre los grupos de migrantes, los gobiernos locales, la sociedad civil y el sector privado, con la finalidad de hacer frente a los retos que plantean la migración y las ciudades.

Vivimos en un mundo cada vez más urbano a raíz del desplazamiento de un creciente número de personas hacia las ciudades. En 2014, más del 54% del total de los habitantes del planeta vivía en las zonas urbanas (DAES, Naciones Unidas, 2014). Es de prever que para 2050 la población urbana actual, que asciende a 3.900 millones, aumente hasta alcanzar unos 6.400 millones (ibíd.). Más aún, se estima que, cada semana, hay 3 millones de personas en el mundo que se instalan en las ciudades (ONU-Hábitat, 2009). La migración propicia gran parte del aumento de la urbanización que fomenta, a su vez, la diversidad de las ciudades.

Uno de cada cinco migrantes nacidos en el extranjero vive en una de las 20 ciudades más pobladas del mundo (Çağlar, 2014). En muchas de esas ciudades, como Sydney, Londres y Nueva York, los migrantes representan más de una tercera parte de la población y, en ciertas ciudades como Bruselas y Dubai, constituyen más de la mitad de la población.

La migración es básicamente una cuestión urbana

Vivimos en una era de movilidad humana sin precedentes, marcadamente urbana, en la que los migrantes, tanto internos como internacionales, se trasladan a las ciudades y las zonas urbanas, aportan diversidad, conectan a las comunidades dentro y fuera de las fronteras y crean nuevos vínculos entre las distintas localidades. Todo ello exige nuevos enfoques en la gobernanza urbana y las políticas migratorias.

Actualmente, se estima que en el mundo hay 232 millones de migrantes internacionales (DAES, Naciones Unidas, 2013) y 740 millones de migrantes internos (PNUD, 2009).

  • Alrededor del 50% de los migrantes internacionales reside en diez países altamente urbanizados y de ingresos altos, es decir, Australia, el Canadá y los Estados Unidos de América, varios países de Europa (Alemania, España, Francia y el Reino Unido), Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y la Federación de Rusia (DAES, Naciones Unidas, 2013). Los migrantes tienden a concentrarse en las ciudades de esos países.

Es de prever que prácticamente todo el aumento de la población mundial en los próximos decenios —otros 2.500 millones de personas— se produzca en las zonas urbanas de los países de ingresos bajos y medianos, particularmente en África y Asia (DAES, Naciones Unidas, 2014).

  • A pesar de que África no es la región con el mayor índice de urbanización, durante decenios su población urbana no ha dejado de aumentar a una velocidad histórica sin precedentes. En 1960, Johannesburgo era la única ciudad del África Subsahariana con una población de más de un millón de personas; para 1970, ya había cuatro ciudades (Ciudad del Cabo, Johannesburgo, Kinshasa y Lagos), y en 2010 eran 33 ciudades
    (ONU-Hábitat, 2013).
  • Se estima que, todos los días en la región de Asia-Pacífico, unas 120.000 personas emigran a las ciudades, y se calcula que para 2050 el porcentaje de residentes en las zonas urbanas habrá aumentado al 63%. Entre 1990 y 2014, la región de Asia-Pacífico añadió alrededor de mil millones de habitantes a su población urbana, más de la mitad concernía a China (450 millones). Este fenómeno forma parte de una tendencia a largo plazo. Concretamente, la población urbana de la región se duplicó con creces entre 1950 y 1975, y nuevamente entre 1975 y 2000. Es más, entre 2000 y 2025 se prevé, nuevamente, otra duplicación de la población (CESPAP, 2014).

El aumento a gran escala de la migración hacia los centros urbanos es inevitable debido a las realidades globales dimanantes del envejecimiento de las sociedades, el lento y desigual crecimiento económico de las regiones dentro de un mismo país y entre los países, y la inestabilidad ambiental y climática. Para muchas ciudades, la migración se
ha convertido en un factor determinante del crecimiento de la población, donde la estructura etaria es más importante que las tasas de fecundidad y de mortalidad (Skeldon, 2013). Ahora bien, las redes sociales se encuentran en las ciudades y los migrantes recién llegados pueden hacer uso de ellas para su supervivencia y para aprovechar las oportunidades económicas. La integración de los migrantes se produce fundamentalmente en las ciudades.

La geografía de los flujos migratorios está cambiando en consonancia con la evolución de la economía mundial.

Ahora son mucho más numerosas las ciudades del planeta que se han convertido en lugares de destino de los migrantes. Por ejemplo, los migrantes sienten mayor atracción por los países en plena expansión económica de Asia Oriental, el Brasil, el África Meridional y la región occidental de la India. Todas las ciudades del mundo experimentan
un movimiento constante de personas que se trasladan entre las comunidades urbanas, regionales, nacionales y mundiales. En consecuencia, las ciudades hacen frente a retos cada vez mayores en lo que respecta a la gestión de la diversidad resultante de la migración.

 

La migración hacia las ciudades conlleva tanto retos como oportunidades

Con frecuencia, la migración a las ciudades puede suponer el recurso a canales informales e irregulares al no existir rutas migratorias regulares. Una vez en las ciudades, los migrantes suelen hacer frente a dificultades en el acceso a la vivienda, las oportunidades de trabajo y otros servicios básicos, por ejemplo la atención de la salud. La migración tiende a ser un factor preponderante en el crecimiento de muchos asentamientos informales en las zonas periurbanas de los países menos adelantados. Allí, los migrantes acaban trabajando en condiciones de baja remuneración y posible explotación en las economías informales de esas ciudades.

Los migrantes se trasladan a las ciudades en busca de oportunidades de subsistencia y para escapar a las presiones socioeconómicas y de otra índole que padecen en sus comunidades de origen. Sin embargo, la migración puede acrecentar la vulnerabilidad a los peligros y reducir la resiliencia a esas amenazas. Los entornos urbanos en los que se hallan los migrantes pueden ser propensos a los desastres, al tiempo que la falta de acceso a la vivienda, el empleo y los servicios sociales adecuados pueden constituir un freno para salir adelante. Los peligros en las zonas urbanas afectan, en mayor medida, a los migrantes como subgrupo de los pobres urbanos. Las barreras lingüísticas, de conocimientos, administrativas y jurídicas tienden a agravar la situación. El desplazamiento masivo hacia las zonas urbanas es otro fenómeno que entraña particulares riesgos y retos en la prestación de asistencia humanitaria.

Ello no obstante, a pesar de la falta de servicios e infraestructura básicos en los asentamientos informales, los migrantes encuentran allí protección y oportunidades de ingresos. En respuesta a la precaria existencia en los entornos urbanos, las familias de migrantes recurren a la migración circular y temporal, así como al desplazamiento diario, como estrategias preferentes de movilidad y subsistencia. Esa práctica se aprecia en muchas zonas urbanas de países asiáticos y africanos en plena urbanización, especialmente en China y la India, así como en Ghana y Kenya. Ese patrón migratorio es primordial en el establecimiento de vínculos entre los lugares de origen rurales y los destinos urbanos. Tales vínculos repercuten de múltiples y diversas maneras en las personas, las familias y las comunidades. Ahora bien, existe un potencial de desarrollo común de las comunidades rurales y urbanas, pero su materialización exige el establecimiento de alianzas entre los migrantes y las autoridades locales de ambas comunidades así como el apoyo de los gobiernos nacionales.

El estudio de la migración a escala de las urbes permite ahondar la comprensión de la economía política local de la migración, y de la estrecha relación entre la migración y el desarrollo urbano. Es más, contribuye a desviar el interés en conocer las razones del desplazamiento de las personas hacia la determinación del modo en que trabajan, viven y configuran sus lugares de residencia. Las ciudades tienen que gestionar poblaciones cada vez más móviles y diversas en todos los sectores del desarrollo. En los países desarrollados, una de las principales fuentes de la diversidad demográfica es la migración internacional, mientras que en los países menos adelantados esa fuente es, en cierto grado, la migración interna y, en menor grado, la creciente migración internacional Sur-Sur.

A pesar de las enormes diferencias entre los ámbitos de migración internacional e interna, y entre la capacidad de los países emergentes ricos y los países pobres para superar esas diferencias, en este Informe se ponen de relieve las pruebas, cada vez más numerosas, de los beneficios potenciales que conllevan todas las formas de migración y movilidad para el crecimiento y el desarrollo de las ciudades. A efectos de maximizar los beneficios de esos nuevos patrones de movilidad, en términos de desarrollo y bienestar de los migrantes, es preciso que las ciudades recurran a políticas urbanas incluyentes en materia de prestaciones básicas y a la integración socioeconómica.

 

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