En las sociedades actuales se ven más los balances de las empresas y el beneficio que la dignidad del trabajo.  En el día en que la Iglesia celebra a San José Obrero, el Pontífice precisa que el recuerdo de esta dimensión del padre adoptivo de Cristo nos remite a “Dios trabajador” y a “Jesús trabajador”, que ha trabajado en el taller de San José, pero también “hasta la Cruz”.

“Quien trabaja es digno, tiene una dignidad especial, una dignidad de persona”: insiste el Papa, pensando en cuantos hoy, frecuentemente, no “tienen la posibilidad de trabajar, de estar unidos por la dignidad del trabajo”. Por tanto, no se puede definir “justa”, una sociedad en la que tantos no logran encontrar una ocupación y tantos están obligados a trabajar como esclavos.
“Las personas son menos importantes que las cosas que producen ganancia a los que tienen el poder político, social, económico. ¿A qué punto hemos llegado? Al punto de que no somos conscientes de esta dignidad de la persona; esta dignidad del trabajo. Pero hoy la figura de San José, de Jesús, de Dios que trabajan – es éste nuestro modelo – nos enseñan el camino para ir hacia la dignidad”. La sociedad no es justa si no ofrece a todos un trabajo o explota a los trabajadores.
El Papa comenzó recordando que en la liturgia del día el Evangelio se refiere a Jesús como al “hijo del carpintero”. José era un trabajador y Jesús aprendió a trabajar con él. De hecho, en la primera lectura se lee que Dios trabaja para crear el mundo, y este “icono de Dios trabajador”, afirmó el Obispo de Roma, nos dice que el trabajo es algo más que ganarse el pan”:

“¡El trabajo nos da la dignidad! Quien trabaja es digno, tiene una dignidad especial, una dignidad de persona: el hombre y la mujer que trabajan son dignos. En cambio, los que no trabajan no tienen esta dignidad. Pero tantos son aquellos que quieren trabajar y no pueden. Esto es un peso para nuestra conciencia, porque cuando la sociedad está organizada de tal modo, que no todos tienen la posibilidad de trabajar, de estar unidos por la dignidad del trabajo, esa sociedad no va bien: ¡no es justa! Va contra el mismo Dios, que ha querido que nuestra dignidad comience desde aquí”.

“La dignidad – prosiguió diciendo el Papa – no nos la da el poder, el dinero, la cultura, ¡no! ¡La dignidad nos la da el trabajo!”. Y un trabajo digno, porque hoy “tantos sistemas sociales, políticos y económicos han hecho una elección que significa explotar a la persona”:

“No pagar lo justo, no dar trabajo, porque sólo se ven los balances, los balances de la empresa; sólo se ve cuánto puedo provecho puedo sacar. ¡Esto va contra Dios! Cuántas veces – tantas veces – hemos leído en ‘L’Osservatore Romano’… Un título que me ha llamado tanto la atención el día de la tragedia en Bangladesh, ‘Vivir con 38 euros al mes’: era el sueldo de estas personas que murieron… ¡Y esto se llama ‘trabajo de esclavo!’. Y hoy en el mundo está esta esclavitud que se hace con lo más bello que Dios ha dado al hombre: la capacidad de crear, de trabajar, de hacer su propia dignidad. Cuántos hermanos y hermanas en el mundo están en esta situación por culpa de actitudes económicas, sociales, políticas, etc.…”.

Asimismo en su homilía el Papa citó a un rabino que relataba a su comunidad judía la vicisitud de la Torre de Babel: entonces los ladrillos eran sumamente preciosos:

“Cuando un ladrillo, por error, caía, era un problema tremendo, un escándalo: ‘¡Pero mira lo que hiciste!’. Pero si uno de aquellos que construían la torre caía: ‘Requiescat in pace!’ y lo dejaban tranquilo… Era más importante el ladrillo que la persona. Esto contaba aquel rabino medieval ¡y esto sucede ahora! Las personas son menos importantes que las cosas que producen beneficio a los que tienen el poder político, social, económico. ¿A este punto hemos llegado? Al punto de que no somos conscientes de esta dignidad de la persona; esta dignidad del trabajo. Pero hoy la figura de San José, de Jesús, de Dios que trabajan – es este nuestro modelo – nos enseñan el camino para ir hacia la dignidad”.

Hoy – observó el Papa Francisco – no podemos decir más lo que decía San Pablo: “Quien no quiere trabajar, que no coma”, sino que debemos decir: “Quien no trabaja, ¡ha perdido la dignidad!”, porque “no encuentra la posibilidad de trabajar”. Es más: “¡La sociedad ha despojado a esta persona de su dignidad!”. Hoy – añadió el Pontífice – nos hace bien volver a escuchar “la voz de Dios, cuando se dirigía a Caín diciéndole: “Caín, ¿dónde está tu hermano?”. Hoy, en cambio, oímos esta voz: “¿Dónde está tu hermano que no tiene trabajo? ¿Dónde está tu hermano que está bajo un trabajo de esclavo?”. El Papa concluyó invitando: “Oremos, oremos por todos estos hermanos y hermanas que están en esta situación. Así sea”.

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