Ecuador, dos semanas después del terremoto

Negda vive en Portoviejo, la capital de la provincia de Manabí, una de las regiones más afectadas por el seísmo del 16 de abril. Es miembro de la Organización de Mujeres Santa Marta, una asociación vinculada a Cáritas ecuatoriana, y lleva dos semanas repartiendo ayuda humanitaria y consolando a los vecinos que lo han perdido todo. «No dormimos en nuestras casas por temor a las réplicas. Cada día hay al menos una, y son muy fuertes», explica desde Ecuador. «Estamos desesperados, malviviendo en condiciones terribles, con muchísimo calor y sin acceso ni siquiera al agua». Negda, que ha perdido familiares en la catástrofe, describe el hedor que impregna las calles de su ciudad. «Tenemos que ir con mascarillas, porque las labores de rescate son lentas y aún hay fallecidos bajo los escombros». Lo corrobora Alfredo de la Fuente, sacerdote y vicario de Cáritas Portoviejo: «En la ciudad, el olor a muerto es indescriptible. La tarea de búsqueda y retirada de cadáveres es muy lenta. También la limpieza de escombros. Todo está lleno de máquinas, pero faltan días para que esto termine».

646 fallecidos, 12.492 heridos atendidos y 26.091 personas reubicadas en albergues son las cifras al cierre de esta edición. Eso sin contar con los que «lo han perdido todo, los que no han podido enterrar ni velar a sus seres queridos porque han ido a fosas comunes, o los que no los han encontrado porque todavía continúan desaparecidos», resalta la religiosa española Lourdes Alonso, hija de la Sabiduría en Quito. Su congregación, como toda la Iglesia en Ecuador, se ha puesto en marcha para atender a los afectados, «porque además de las ayudas de emergencia, es fundamental consolar, enterrar, orar, escuchar». Manuel Rodicio, sacerdote orensano, explica cómo se suceden los funerales de familias enteras en las puertas de las parroquias, al pie de los escombros, «porque los templos están destruidos o están a punto de derrumbarse».

En estos momentos «más que nunca es necesaria la oración», afirma Lourdes Alonso. Un religioso ecuatoriano hace un par de días propuso una oración en un parque de Manta, la capital económica de Manabí. «Se juntaron allí más de 300 personas de confesiones religiosas diferentes. Todos buscaban consuelo», explica la religiosa. «Nos toca no solo reconstruir piedras, sino también personas».

La Iglesia en Ecuador ha puesto en marcha una campaña doble: una oración y una colecta que se realizará este domingo en todas las parroquias del país. La oración, porque «las personas, en su desamparo, se vuelven hacia nosotros, la Iglesia. Les ayudamos a releer, rezar, evacuar el miedo, encontrar sentido, canalizar la impotencia, clarificar a los que dudan de que Dios no está del lado del terremoto sino que nos convoca a aliviar este sufrimiento». La colecta, porque el dinero que se va recaudando irá destinado a reconstruir las viviendas, templos, dispensarios y escuelas. Para Negda, es fundamental volver a poner en pie los hogares. «Ese es el paso más importante para que haya seguridad». Si no tienen donde vivir, las familias se desintegran y empieza la descomposición social», afirma el vicario de Cáritas. Por no hablar de los saqueos.

Cristina Sánchez Aguilar

Fuente: Alfa y Omega

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